Invité a un hombre a mi casa para una cena romántica: exactamente a las 8 de la noche llamaron a la puerta, la abrí… y me quedé paralizada por lo que vi 😱😱
Mis amigas decían que estaba loca por volver a fijarme en los hombres. Tengo 54 años y mi esposo me dejó. Solo quería volver a sentirme amada y deseada.
Fue entonces cuando apareció un nuevo hombre en mi vida. Éramos vecinos, a veces coincidíamos en el parque. Empezamos a hablar con frecuencia y poco a poco nos acercamos más.
Un día, él me invitó a salir. Decidí que la cita sería en mi casa. Preparé todo con cariño y romanticismo: velas, cena, música… solo nosotros dos.
A las 8 en punto llamaron a la puerta. Fui a abrir… y me quedé helada. 😱😱 No podía creer lo que veía.
En el umbral estaba mi nuevo hombre —sin flores, sin regalo, sin el más mínimo gesto de atención.
—¿Hablas en serio? —le pregunté sin poder creerlo.
—¿Qué pasa? —respondió sorprendido.
—¿Y las flores, el detalle? —dije.
Él sonrió con burla:
—¿Flores? No soy un muchacho para andar regalando “florecitas”.
Suspiré y de pronto lo comprendí:
—Y yo no soy una niña para elegir hombres como tú. A mi edad no necesito a alguien que ni siquiera entienda el valor de una mujer en los pequeños gestos. Me he esforzado, he preparado todo con amor… Mejor vete y olvídate de mí.
Cerré la puerta. Las velas seguían encendidas y la cena quedó intacta.
Al día siguiente les conté todo a mis amigas. Algunas dijeron que hice bien, que merezco algo mejor y que no debo conformarme con migajas. Otras, en cambio, aseguraban que había dejado pasar mi última oportunidad, que a mi edad debía aferrarme a cualquiera.
Y yo me pregunto: ¿realmente vale la pena tener miedo de quedarse sola, si la alternativa es traicionarse a una misma?

