Tres matones atacaron a una chica indefensa, intentaron robarle y estaban seguros de que frente a ellos había solo una víctima asustada e indefensa: pero ni siquiera podían imaginar lo que sucedería un minuto después 😱😨
¿Atacaron a una indefensa? Eso es lo que ellos creían.
La mañana en el parque era tranquila y cálida. Verónica había terminado de correr, se detuvo junto a un sendero lateral e intentaba recuperar el aliento. El entrenamiento había sido duro, pero agradable. El cabello recogido en una coleta alta, una fina cadena de oro en el cuello y un reloj deportivo en la muñeca. Le gustaban esos raros días libres en los que podía simplemente estar sola.
El sendero estaba casi vacío. El aire húmedo después de la lluvia nocturna olía a hojas y frescura. Verónica ya se disponía a salir cuando, de repente, detrás de ella rugieron motores.
Tres motocicletas aparecieron desde la curva y se detuvieron justo frente a ella. De ellas bajaron tres tipos musculosos. Chándales baratos, tatuajes en brazos y cuello, sonrisas insolentes.
El líder dio un paso adelante y la recorrió de arriba abajo con la mirada.
—Bueno, belleza, ¿paseas sola? —dijo con una sonrisa burlona.
—El teléfono debe ser caro, ¿no? Dámelo, no vaya a ser que lo rompas.
Verónica guardó silencio. Su rostro era serio, pero en sus ojos se notaba la tensión.
El segundo tipo la rodeó por un lado.
—Mira qué elegante. Buen reloj. La cadena brilla. Se ve que hay algo que quitar.
—No tiembles, lo haremos con cuidado —añadió el tercero, riendo en voz baja.
Estaban demasiado cerca, bloqueándole el camino.
—Entiendes que aquí no hay de quién esperar ayuda, ¿verdad? —dijo el líder—. Entrega todo tranquilamente y sigue tu camino.
—¿Y si no? —preguntó Verónica con calma, intentando que su voz no temblara.
Los chicos se miraron entre sí.
—Entonces será desagradable —respondió uno—. No nos gusta cuando nos contradicen.
Reían, hablaban entre ellos, comentaban su teléfono, sus zapatillas, su cadena. Uno incluso acercó la mano a su hombro, como probando cuánto miedo tenía.
Ante ellos veían simplemente a una mujer sola e indefensa después de entrenar.
Pero no sabían lo que ocurriría en un minuto. 😱😨 Continuación en el primer comentario 👇👇
El líder dio otro paso hacia ella y se inclinó.
—Entonces, ¿lo entregas por las buenas o tenemos que explicarlo?
Verónica lo miró atentamente. Ni gritos ni pánico. Solo tensión en los ojos y una fría concentración.
—¿De verdad creen que es una buena idea? —preguntó en voz baja.
Los chicos se miraron y se rieron.
—¿Oyeron? Nos está asustando.
—Niña, ¿tú sabes con quién estás hablando?
—Aquí no hay nadie. Solo nosotros y tú.
De pronto, Verónica sonrió.
—Exactamente. Solo ustedes y yo.
Uno de ellos se quedó inmóvil.
—¿De qué te ríes?
—Porque ni siquiera imaginan en qué se han metido —respondió ella.
El líder, irritado, dio un paso adelante.
—Deja de hacerte la importante. El teléfono y la cadena. Ahora.
Y en ese momento, desde la curva del sendero, desde la sombra de los árboles, salieron lentamente dos hombres corpulentos. Eran los guardaespaldas de la chica. Altos, vestidos de negro, con rostros fríos. Se movían con calma, sin prisa, pero en su andar se percibía la fuerza.
Los matones ni siquiera sospechaban que acababan de intentar robar a la hija de uno de los hombres más ricos.
Los chicos se giraron.
—¿Y estos quiénes son?
Uno de los guardaespaldas se acercó y dijo brevemente:
—¿Hay algún problema?
Verónica ni siquiera se dio la vuelta.
—Ya no —respondió con calma.
Las sonrisas desaparecieron de los rostros de los chicos.
