Durante su noche de bodas, la joven esposa le pidió a su marido de 89 años que no la tocara, pero el anciano de repente se pasó la mano por el rostro y se quitó la máscara, revelando su verdadera identidad

Durante su noche de bodas, la joven esposa le pidió a su marido de 89 años que no la tocara, pero el anciano de repente se pasó la mano por el rostro y se quitó la máscara, revelando su verdadera identidad: lo que ocurrió aquella noche en la habitación de los recién casados dejó a toda la ciudad en estado de shock 😳

Alondra estaba de pie junto a la chimenea, agarrándose con fuerza al borde. El fuego todavía ardía, pero la joven apenas sentía el calor.

Solo unas horas antes, se había convertido en la esposa de Arturo Monteverde, uno de los hombres más ricos de la ciudad.

Ella no lo amaba y apenas sabía nada de él. Pero su padre debía una enorme cantidad de dinero a los bancos, la casa familiar iba a ser embargada en unas semanas y la empresa que el abuelo de Alondra había construido durante toda su vida estaba al borde de la quiebra.

Arturo le propuso una solución sencilla.

Él pagaría todas las deudas de la familia y Alondra se convertiría en su esposa.

Sus padres no la obligaron a aceptar, pero la joven comprendía perfectamente lo que ocurriría si se negaba. Por eso, dos semanas después, estaba de pie frente al altar junto a un hombre casi setenta años mayor que ella.

La boda fue lujosa, pero extraña. El novio apenas hablaba con nadie, no permitía que lo fotografiaran de cerca y llevaba finos guantes de cuero durante toda la velada.

Ahora, por fin, se habían quedado solos.

Arturo cerró la puerta del dormitorio y se acercó lentamente a su esposa.

Alondra retrocedió de inmediato hasta la chimenea.

—Por favor, no me toque —dijo en voz baja—. Necesito un poco de tiempo.

El hombre se detuvo. Durante unos segundos simplemente la miró y luego sonrió inesperadamente.

—Eso es exactamente lo que quería escuchar.

Alondra frunció el ceño.

—¿Qué?

En lugar de responder, Arturo levantó las manos hacia su rostro. Al principio, la joven pensó que se había sentido mal, pero entonces el hombre sujetó con los dedos la piel cerca de su cuello y comenzó a tirar lentamente de ella hacia arriba.

Alondra se quedó paralizada. La piel comenzó a desprenderse de su rostro. Quiso gritar, pero no pudo pronunciar una sola palabra.

Unos segundos después, el cabello canoso, las arrugas y el rostro envejecido quedaron en las manos del hombre.

Frente a Alondra había ahora un hombre completamente diferente. Tenía unos treinta años. Su cabello era oscuro, sus facciones marcadas y tenía los mismos ojos que durante toda la velada le habían parecido la única parte extrañamente joven del rostro del anciano.

Alondra retrocedió un paso más.

—¿Quién eres?

El hombre dejó la máscara sobre la mesa.

—Me llamo Gael Monteverde.

—¿Dónde está Arturo?

—Arturo Monteverde no existe.

Lo que ocurrió aquella noche en la habitación de los recién casados dejó a toda la ciudad en estado de shock 😳😱 La continuación de la historia se encuentra en el primer comentario 👇👇

Alondra miró hacia la puerta, pero Gael ni siquiera intentó detenerla.

—Puedes irte ahora mismo. Las deudas de tu familia serán pagadas de todos modos.

Aquello la asustó aún más.

—Entonces, ¿para qué fue esta boda?

Gael se acercó a un viejo armario, sacó una carpeta y la dejó sobre la cama. Dentro había fotografías de cinco mujeres jóvenes.

Debajo de cada fotografía aparecían un nombre y una fecha.

—Durante los últimos tres años, mi familia ha intentado casarme cinco veces —explicó—. Pero ninguna de esas mujeres sabía cómo era realmente.

Alondra no entendía nada.

Gael le contó que, después de la muerte de su padre, había heredado una enorme fortuna. Casi de inmediato, aparecieron a su alrededor decenas de personas que querían formar parte de la familia Monteverde.

Entonces, su abuelo propuso una forma poco convencional de poner a prueba a su futura esposa.

Gael debía presentarse ante cada candidata disfrazado del anciano Arturo y comprobar si aceptaría casarse con él sin amor, únicamente por dinero.

—Pero yo también acepté por dinero —dijo Alondra.

—No. Esa es precisamente la diferencia.

Sacó otro documento de la carpeta. Era una copia del contrato que Alondra había firmado antes de la boda.

Gael le mostró la última página.

Había una cláusula que ella no había notado antes: después de la boda, podía renunciar al matrimonio y marcharse, y aun así las deudas de su familia quedarían pagadas.

—Las demás se enteraron antes de la ceremonia —dijo Gael—. Y aun así exigieron casas adicionales, coches y dinero para ellas mismas. Tú fuiste la única que no pidió nada.

Alondra se sentó lentamente en el sillón.

Pero una pregunta seguía atormentándola.

—¿Por qué precisamente mi familia?

La sonrisa desapareció del rostro de Gael. Se acercó a la chimenea y sacó una vieja fotografía del bolsillo interior. En ella aparecían dos hombres jóvenes.

Uno de ellos era el padre de Alondra.

—Porque la quiebra de tu familia no fue una casualidad.

Alondra levantó la mirada bruscamente.

Gael le contó que unos meses antes había descubierto unos documentos de su difunto padre. En ellos se demostraba que, veinte años atrás, el padre de Gael había engañado a la familia de Alondra para quedarse con parte de su negocio y, más tarde, mediante empresas pantalla, había llevado su empresa a la ruina durante años.

Gael se había enterado demasiado tarde.

Por eso, el dinero con el que pagó sus deudas no era en absoluto un regalo de bodas.

Simplemente estaba devolviendo lo que su familia había robado en el pasado.

Alondra guardó silencio durante mucho tiempo.

—Entonces, ¿realmente no necesitabas casarte conmigo?

—No.

—Entonces, ¿por qué lo hiciste?

Gael miró la máscara del anciano que estaba sobre la mesa.

—Al principio quería descubrir cómo eras. Pero después cometí una estupidez y me enamoré antes de poder detenerme.

Por primera vez en toda la noche, Alondra sonrió.