El Rey del Fuego pasó décadas sin poder tocar a una sola mujer: en cuanto sus dedos rozaban la piel de alguien, el cuerpo de la joven era devorado por las llamas. Durante muchos años intentó encontrar una esposa y acabó condenando a decenas de muchachas, hasta que un día apareció en el palacio una simple criada. Tras conocerla ocurrió algo que ni el propio rey habría podido imaginar. 😱
El rey Darian nació con una maldición que solo conocían los miembros de la familia real.
Por sus venas corría la sangre de los antiguos dragones.
Por fuera apenas se diferenciaba de un hombre, salvo por sus extraños ojos dorados, sus afiladas garras y las escamas que a veces aparecían en su cuello y en sus manos. Pero en su interior habitaba un fuego capaz de destruir a cualquier ser humano.
Lo más terrible era su contacto.
Cuando Darian cumplió veinticinco años, los consejeros exigieron que se casara y dejara un heredero. Al palacio comenzaron a llegar las hijas de las familias más nobles del reino.
La primera fue la hermosa hija de un duque.
Darian apenas tomó su mano cuando, segundos después, la joven gritó de dolor. Grietas de fuego recorrieron su piel, su vestido estalló en llamas y los guardias ni siquiera tuvieron tiempo de acercarse.
Desde aquel día el rey se negó durante mucho tiempo a recibir a más mujeres. Pero los consejeros insistían en que, entre miles de jóvenes, alguna sería capaz de resistir el fuego del dragón.
Se equivocaban.
Los años pasaban y la tragedia se repetía una y otra vez.
Algunas morían con un solo roce; otras resistían apenas unos segundos. Los magos de la corte preparaban amuletos, cubrían la piel de las muchachas con aceites especiales y recitaban antiguos hechizos, pero nada funcionaba.
Al final, Darian prohibió que llevaran más mujeres ante él.
—Basta. Me quedaré sin heredero. Prefiero que mi sangre desaparezca conmigo antes de que otra persona muera por mi culpa.
Después de eso, el rey casi nunca volvió a salir de sus aposentos.
Pasaron siete años.
Un día llegó al palacio una nueva criada llamada Elina. Era hija de un humilde molinero de una pequeña aldea y no sabía absolutamente nada de la vida en la corte.
La primera noche, el mayordomo la advirtió con severidad:
—Nunca te acerques al rey. Pase lo que pase, mantente lejos de él.
Pero nadie le explicó por qué.
Unas semanas después, en plena noche, el palacio entró en alarma. Darian había enfermado.
Cuando el dragón que llevaba dentro se descontrolaba, la temperatura de su cuerpo aumentaba tanto que incluso el suelo de piedra comenzaba a humear bajo sus pies.
Los sirvientes huyeron de la habitación y los guardias temían acercarse. En ese momento, Elina caminaba por el pasillo llevando un cubo de agua.
Al oír el alboroto, entró y vio al rey tendido en el suelo.
—¡Vete! —gritó Darian.
Pero la joven vio sangre en su mano y, sin comprender el peligro, corrió hacia él.
Y entonces… 😨😱 La continuación de la historia está en el primer comentario. 👇👇
El rey intentó apartarla. Sus palmas se tocaron.
Los guardias se quedaron inmóviles. Ya sabían lo que iba a ocurrir.
Pasó un segundo. Luego otro.
Pero Elina no ardió.
Darian levantó lentamente la mirada.
Por primera vez en toda su vida sostenía la mano de otra persona sin causarle dolor.
—¿Quién eres? —preguntó casi en un susurro.
Elina miró su propia palma, aterrorizada.
Y entonces sucedió algo aún más extraño.
El fuego que siempre emanaba del cuerpo del rey comenzó a desaparecer.
Las llamas de las paredes se extinguieron, el suelo al rojo vivo empezó a enfriarse y las escamas de dragón en los brazos de Darian fueron desvaneciéndose poco a poco.
Al día siguiente, todo el palacio conocía lo ocurrido.
Los consejeros decidieron que por fin habían encontrado a la mujer destinada a convertirse en la esposa del rey.
Pero el viejo mago de la corte, al ver a Elina, palideció.
Exigió llevarla a la biblioteca subterránea y pasó horas estudiando antiguos libros.
Esa misma noche acudió ante Darian.
—Ella no está protegida contra vuestro fuego, Majestad.
El rey frunció el ceño.
—Entonces, ¿por qué no se quemó?
El anciano colocó un antiguo pergamino frente a él.
—Porque el fuego la reconoce.
Resultó que, siglos atrás, existían dos linajes de dragones.
Uno dominaba el fuego y podía reducir todo a cenizas.
El otro poseía el poder opuesto: era capaz de absorber el fuego de los dragones.
Los reyes exterminaron ese segundo linaje porque temían perder el poder.
Pero un niño sobrevivió.
Sus descendientes vivieron ocultos entre la gente común, sin saber quiénes eran realmente.
Elina era la última de ellos.
Sin embargo, lo más aterrador se descubrió unos días después.
Cuanto más tocaba Darian a la joven, más débil se volvía su naturaleza de dragón.
Y con Elina ocurría exactamente lo contrario.
Una noche despertó con un dolor insoportable y vio unas finas escamas doradas cubriendo sus manos.
Sus ojos habían cambiado de color.
Y cuando abrió la boca aterrorizada, una pequeña llama escapó de sus labios.
Darian comprendió la verdad demasiado tarde.
Elina podía tocarlo no porque fuera inmune a la maldición.
Cada contacto le transfería una parte de su poder.
Y si el antiguo libro decía la verdad, algún día toda la esencia del dragón del rey pasaría a la joven.
Pero la última línea de la profecía hizo temblar incluso al viejo mago:
«Cuando el último Rey del Fuego entregue su llama a la última hija del segundo linaje, un dragón se convertirá en humano… y el otro despertará tras mil años de sueño».
Esa misma noche, la tierra bajo el palacio empezó a temblar.
