En una subasta privada, un hombre desconocido con una máscara dorada pagó 50 millones de dólares por una joven, aunque el precio inicial era de apenas 100.000; pero lo que le ocurrió a la chica esa misma noche resultó ser realmente aterrador 😨
Cuando Emma, de 25 años, recobró el conocimiento, al principio ni siquiera entendía dónde estaba. Lo último que recordaba era haber salido del restaurante después del trabajo y haberse dirigido hacia su coche. Después, todo se volvió oscuro.
Ahora la joven estaba dentro de una enorme jaula dorada. Llevaba un costoso vestido rojo que nunca antes había visto, y frente a ella había un enorme salón.
Decenas de hombres y mujeres estaban sentados alrededor de las mesas. Casi todos ocultaban sus rostros detrás de máscaras.
Emma intentó pedir ayuda, pero en ese momento un hombre canoso vestido con un traje negro subió al escenario.
—Damas y caballeros, el último lote de esta noche. El precio inicial es de cien mil dólares.
Emma se quedó paralizada.
Al principio pensó que se trataba de una horrible broma. Pero apenas unos segundos después, alguien ofreció doscientos mil. Otra persona elevó la oferta a trescientos mil.
Las pujas continuaron aumentando.
Emma se aferró con fuerza a los barrotes metálicos de la jaula y miró a las personas que estaban en el salón. Nadie siquiera intentaba ayudarla.
El precio llegó al millón de dólares.
Y fue precisamente entonces cuando ocurrió algo extraño.
En la primera fila estaba sentado un hombre que hasta ese momento no había hecho ni una sola oferta. Llevaba un traje negro y su rostro estaba completamente oculto por una inusual máscara dorada.
Levantó lentamente la mano.
—Cincuenta millones.
En el salón se hizo un silencio tan profundo que podía escucharse la respiración de Emma.
Incluso el subastador permaneció varios segundos sin decir nada.
—Disculpe… ¿cuánto?
—Cincuenta millones de dólares.
Nadie se atrevió a superar la oferta.
Unos segundos después, el martillo golpeó la mesa.
Emma había sido vendida a un hombre desconocido con una máscara dorada.
Pero lo que más sorprendió a los presentes no fue siquiera la enorme cantidad de dinero. Muchos conocían a aquel hombre. Llevaba varios años apareciendo en eventos privados similares, pero nadie había visto jamás su rostro.
Lo llamaban Mr. Gold.
Casi nunca hablaba, jamás se quitaba la máscara y normalmente se marchaba antes que los demás.
Pero aquella noche había comprado el lote principal por primera vez.
Una hora después, Emma ya estaba sentada en un lujoso coche junto al desconocido.
Ella le hacía preguntas y exigía saber adónde se dirigían, pero el hombre permanecía en silencio.
Pero lo que le ocurrió a la joven aquella noche fue realmente aterrador. 😱😳 La continuación de la historia se encuentra en el primer comentario 👇👇
El coche los llevó hasta una enorme mansión en las afueras de la ciudad. Durante todo el trayecto, el hombre apenas habló, y cuando entraron, su comportamiento se volvió aún más extraño.
No tocó a Emma ni le exigió nada. Al contrario, ordenó que le prepararan la cena y le asignó una de las mejores habitaciones.
Pero, por alguna razón, el hombre no se quitaba la máscara dorada.
—¿Por qué pagó cincuenta millones por mí? —preguntó finalmente Emma.
—Porque te he estado buscando durante demasiado tiempo.
Emma pensó que había escuchado mal.
Entonces el hombre se quitó la máscara.
Su rostro le resultó familiar, pero no podía recordar de dónde.
El hombre sacó una fotografía antigua.
Y solo entonces Emma lo recordó todo.
Ocho años atrás, trabajaba como camarera en un pequeño café. Un día, un joven entró en el establecimiento. Parecía muy pobre y descubrió que había perdido su cartera. El dueño quiso echarlo, pero Emma pagó personalmente su comida e incluso le dio algo de dinero para el camino.
Para ella, había sido un gesto normal, algo que olvidó apenas unos días después.
Pero aquel hombre no lo olvidó.
Con el paso de los años, se convirtió en uno de los hombres más ricos del país. Intentó encontrar a Emma, pero la joven se había mudado hacía mucho tiempo y el café había cerrado.
Y cuando, unos días antes, vio por casualidad su fotografía entre los futuros lotes de la subasta privada, la reconoció inmediatamente.
Por eso aquella noche ni siquiera se molestó en competir con los demás.
Ofreció una cantidad tan enorme que nadie en el salón se atrevió a pujar más.
—Yo no te compré, Emma —dijo el hombre en voz baja—. Pagué cincuenta millones para que nadie pudiera comprarte nunca más.
Pero Emma aún no sabía que el hombre que la había vendido en la subasta también había llegado a aquella mansión esa misma noche.
